Pese al hecho de que alrededor de uno de cada tres habitantes de América Latina es afrodescendiente y que los marcos jurídicos internacionales y nacionales protegen los derechos humanos, esta población sigue marginada y afronta graves obstáculos en el ejercicio de derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales. Las personas afrodescendientes tienen diversas barreras para acceder a servicios de salud, educación y empleo. La mayoría ocupa viviendas urbanas con infraestructura precaria y está más expuesta a la delincuencia y la violencia. La baja representación y participación tanto de hombres como de mujeres afrodescendientes en política demuestra las barreras evidentes para llegar a las estructuras de poder político y desempeñar un rol activo en el diseño de políticas públicas que reduzcan la discriminación.

• En Perú, la tasa de pobreza entre los afrodescendientes se mantuvo en torno al 33% entre el año 2001 y el 2010, mientras que la proporción de indígenas pobres disminuyó considerablemente del 63% al 37% en ese mismo periodo, al igual que la de los mestizos (de 45% a 23%), según un informe del PNUD de 2012.

• En Brasil, el porcentaje de afrodescendientes (entre 18 y 24 años) que accedió a educación superior subió del 2,2% en el 1997 al 12% en el 2012 tras la aplicación de cupos y matrículas preferenciales para estudiantes afro-brasileños y mestizos. La cantidad de plazas reservadas en universidades federales para esta población aumentó de 30.000 a 60.000, según cifras oficiales. No obstante, un informe del año 2015 del PNUD y la Secretaria de la Juventud de Brasil reveló que la mayoría de la población carcelaria tiene entre 18 y 24 años y es afrodescendiente, y que la población de presos ha aumentado en 74% en los últimos siete años, con el correspondiente incremento en el número de reclusos jóvenes.

• En Uruguay, el censo nacional del año 2012 reveló que alrededor del 8% de la población total era afrodescendiente. Casi tres de cada 10 afro-uruguayos vivían en condiciones de pobreza en el 2012, y menos del 1% ocupaba cargos de liderazgo en el sector público y privado, según un informe elaborado por el PNUD en el 2013.

El Índice de Necesidades Básicas Insatisfechas como expresión del rezago de los afrocolombianos

El Índice de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI)19 ha sido ampliamente criticado por la pérdida de capacidad para discriminar la población de acuerdo con sus condiciones de pobreza y en particular en las ciudades, en las cuales los avances en infraestructura han jalonado mejoras en las condiciones de la vivienda. Pese a estas limitaciones es factible apreciar las brechas en el bienestar entre afrodescendientes y otros grupos poblacionales, partiendo de este indicador.

Al tomar el país en su conjunto el porcentaje de afrodescendientes con NBI supera la media nacional en alrededor de 10 puntos porcentuales; un NBI de 34,5% para los primeros frente a 24,4% para todo el país en ese año. Al diferenciar entre cabecera y resto la brecha es más amplia en esta última. Esto es, mientras que la medida para la población total residente en las cabeceras municipales registraba un NBI de 12,9% la correspondiente a los afrodescendientes era de 18,6%. Por otro lado, en el área rural se obtiene un NBI de 56,1% para el total de población frente a 67,2% para los afrodescendientes. En otras palabras, las brechas más grandes en bienestar entre afrocolombianos y población no étnica se dan en los centros urbanos, siendo menor en las zonas rurales donde la pobreza tiende a ser más bien pareja.   

 

Entre las metas que plantean los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), así como en las distintas áreas de trabajo orientadas a la construcción de oportunidades que mejoren los índices de desarrollo humano, la comunidad afrocolombiana es una prioridad para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El PNUD ha desarrollado diversas estrategias dirigidas a este sector de la población, que van desde la elaboración de diagnósticos territoriales hasta la gestión de programas y proyectos en el marco de los planes de desarrollo territoriales.

Como aporte a este proceso, Changaina trabaja para reducir las brechas existentes entre la población afrocolombiana y la población no afrodescendiente en temas clave como la educación, la salud, el empleo y los ingresos. De igual forma, este trabajo visibiliza mediante la presentación de estadísticas la situación de las comunidades afrocolombianas. En contraste, también se presenta la gran cantidad de legislación y de normas que se ha generado hasta el momento desde las diferentes instancias del Estado como respuesta a la situación de des - ventaja en la que viven estos grupos minoritarios.

En Colombia, pese a los avances sustantivos logrados en temas como la cobertura en educación y salud, una mirada más profunda a las dinámicas poblacionales y territoriales muestra que existen poblaciones, en particular la afrodescendiente y la indígena, entre las cuales estas metas serán difícilmente alcanzables si no se aplican estrategias focalizadas orientadas a acelerar la disminución de las brechas existentes en el acceso a los servicios y a fomentar la igualdad de oportunidades.