Las limitaciones que generan las condiciones sociales y económicas para acceder a la educación y a la cultura y para adquirir conocimientos, competencias y criterios necesarios para un desempeño productivo y satisfactorio en la sociedad, pueden ser compensadas parcialmente con una educación de calidad. En diversos estudios se ha planteado que la calidad de la educación es un factor de retención, habida cuenta de que “la educación de mejor calidad aumenta la esperanza de vida escolar” (UNESCO, 2005).

La educación es de calidad cuando todos los estudiantes alcanzan los objetivos educacionales propuestos en el sistema educativo. Sin embargo, en Colombia se evidencian falencias en los logros que reflejan diferencias sustantivas entre regiones, tipos de establecimientos, poblaciones y niveles socioeconómicos. 

En los resultados de las pruebas de Estado el departamento del Chocó el único del país cuya población es mayoritariamente afrocolombiana obtuvo el puntaje promedio más bajo entre todas las regiones del país.

Si bien los logros son una dimensión de la calidad los insumos que la permiten son muchas veces ignorados a la hora de analizarla y valorarla. Según UNESCO (2005) los factores que determinan la calidad son muy diversos y están asociados con las condiciones de enseñanza y aprendizaje, los recursos humanos, la infraestructura y los procesos de gestión. En síntesis, con relación a la calidad operan muchos factores entre los cuales hay que resaltar la precariedad de los ingresos.

Los estudiantes más pobres, entre los que se encuentran los afrocolombianos, tienen que estudiar con muchas limitaciones, a veces con problemas alimentarios severos, sin acceso a libros y a material didáctico, sin tener quien en casa les ayude con los deberes o quien les explique los problemas, sin un lugar apropiado para estudiar y con muchas interferencias derivadas del hacinamiento.

Los analfabetos suelen ser los más pobres de una sociedad. Pero, además, el analfabetismo reproduce la pobreza por cuanto las ocupaciones remuneradas exigen como requisito tener por lo menos estudios primarios. De otra parte, constituye un impedimento serio para el cabal ejercicio de la ciudadanía, para participar con alguna posibilidad de éxito en sociedades del conocimiento, obtener y procesar información, tener voz, e intervenir conscientemente en el devenir de las comunidades a las que se pertenece. Los ODM al proponer la eliminación del analfabetismo no sólo registran la alfabetización como instrumento para el desarrollo humano, sino que implícitamente reconocen la educación como un derecho fundamental.

Analfabeto no es solamente quien no sabe leer ni escribir. Es también quien está inhabilitado para desempeñar actividades en las que la alfabetización es indispensable como prerrequisito para su propio desarrollo, el de su familia y el de su comunidad; es aquel a quien el analfabetismo condiciona negativamente su participación en el trabajo, en las relaciones institucionales y sociales, en lo jurídico y en lo político. Estas particularidades hacen que la definición de analfabetismo tenga que relacionarse con las distintas dimensiones de la vida en sociedad.

La posibilidad de salir de la situación de pobreza guarda relación con las oportunidades que tengan las personas para desarrollar las competencias y capacidades que se requieren para ser productivas y para vivir en forma gratificante y digna. El concepto de capital humano tan en boga hoy está relacionado con los niveles de formación alcanzados en una sociedad y con la capacidad de ella para producir y apropiar ciencia y tecnología. La educación como señala Delors (1996) es uno de los mejores caminos para reducir la pobreza y fomentar el desarrollo humano, pero también lo es para construir una sociedad del conocimiento, clave del desarrollo. La falta de oportunidades y las desigualdades educativas en acceso, permanencia, calidad y pertinencia, amplifican la exclusión social y económica.