En las últimas décadas la mujer colombiana ha ingresado en forma masiva al mercado de trabajo, alcanzando en la actualidad una participación laboral superior a la observada en otros países de América Latina. Sin embargo, sigue siendo inferior a la de los hombres, al tiempo que se mantienen marcadas diferencias en cuanto al acceso a oportunidades de empleo. Así mismo, la calidad del empleo en términos generales es inferior tanto en condiciones laborales como en ingreso. Se mantienen, igualmente, condiciones de vulnerabilidad que las exponen a ser víctimas de discriminación o explotación laboral, de acoso sexual en el entorno laboral e incluso del delito de trata de personas con fines de explotación de diversa índole.

En Colombia la participación laboral femenina se ha mantenido en la última década alrededor del 50%, en tanto que la participación masculina asciende a cerca del 75%. Este diferencial muestra que queda aún un amplio margen para que la mujer logre una participación más equitativa en el mercado laboral.

De otra parte, las mujeres afrodescendientes enfrentan condiciones inferiores en cuanto a calidad del empleo. Se ocupan, principalmente, en sectores de servicios con especificidad de género como el servicio doméstico y el cuidado a otras personas, o por cuenta propia como ventas ambulantes, servicios caracterizados por su baja remuneración y elevada informalidad. Nuevamente las mujeres afro en condición de desplazamiento enfrentan la situación más difícil ya que muchas de ellas tienen que emplearse en oficios sin remuneración justa, en condiciones de explotación y maltrato.

Es entendida como una forma de violencia que se ejerce contra las mujeres por su pertenencia al género femenino y se constituye en una de las principales barreras para lograr el adelanto de la mujer, al restringir el disfrute pleno de sus derechos por causas de discriminación y marginación en razón de sexo, edad o pertenencia étnica.

La violencia contra la mujer representa una violación de su derecho a la integridad y es una muestra de profunda inequidad en las relaciones entre géneros. En este sentido, una de las consecuencias de la violencia intrafamiliar es la afectación de la autoestima y la dignidad.

De acuerdo con la legislación colombiana, la violencia contra la mujer se define como cualquier acción u omisión que le cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual, psicológico, económico o patrimonial por su condición de mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, bien sea que se presente en el ámbito público o privado.

La igualdad de género supone que los diferentes comportamientos, aspiraciones y necesidades de las mujeres y los hombres se consideren, valoren y promuevan de igual manera, esto implica, entonces, que sus derechos, responsabilidades y oportunidades no deben depender de su sexo o condición física, por lo tanto este debe ser el punto de partida a la hora de considerar las medidas que los Estados deben adoptar a fin de superar condiciones de desigualdad.